PRELUDE:( Of An enchanting tale about my Old and Magic Stories)

Escucho a Mario Catanelli y su maravillosa obra escrita para la película “Pride and Prejudice” BSO

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Interior. Estudio con ventana. Santillana del Mar.

Esta vez lo digo en serio, cojan su tiempo señoras y señores, dejen el mundo, el tiempo y la vida a un lado. Dediquenme, se lo ruego, un largo momento robado y suspendido en el aire y como a cámara lenta. Sin agujas del reloj, sin pensamientos obstruidos, sin ruidos y sigilosamente recuerden la ultima vez que fueron niños. Ahora: atrapen ese recuerdo, esa quietud y siganme por este largo camino, que hoy se por donde y como comienza pero, honestamente, aún no sé ni donde ni cuando acabará… Bienvenidos a mi particular historia, a mi historia más personal.
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Como no, no podía empezar este nuevo y particular post (y quizá haya que tener el coraje de llamarlo ya por su nombre: Preludio. Preludio de un cuento dividido por capítulos), sin lamentarme abiertamente de la cantidad de veces que he tenido que sentarme, re escribir, replantearme e imaginarme como continuar (cuando en realidad dichas lamentaciones no llevan a ninguna parte y solo alimentan el desasosiego que siento por no saber y no poder escribir mas a menudo y más conceptualmente) … Llevo dos meses con este post (capitulo) abierto, rondando entre mis pensamientos mas sinceros e íntimos, silbando entre tardes placenteras y noches entregadas a la lectura… Y solo hoy, al fin, atando cabos y recogiendo el ancla pongo rumbo donde el corazón me lleve siendo el viento quien sonroja mis mejillas y la sal del mar el conductor electromagnético de mi mente a mis dedos y a mi pluma: pongamonos pues, nuestras mejores galas para este baile entre mi hiperdistracción, una fantasía desbordada y el caos más revitalizador de mi cerebro romántico . (Así que aquí va, sin miedo…)

Os ruego, de nuevo, que me acompañéis en esta aventura que hablará de los sueños y de como se hacen realidad, de como la vida te habla durante años al oído y te susurra a veces, plácidamente, y otras te golpea violentamente, para que un día despiertes del largo letargo que desde el momento del nacimiento de nuestra consciencia quedó sellado para que, si fuera ésta la vida que nos enseñaría el camino, un día cualquiera, en un momento cualquiera y cuando ya hubiésemos tirado la toalla y agotado todas las fuerzas humanas, se encendiera la antorcha de la existencia y con ello, el sentido y la sensibilidad para entender e iluminar. El oso, al fin, ha dejado de rugir.

Con la ayuda de algún tipo de estimulante natural podréis evitar que la cabeza os pese tanto que queráis romper la mesa con vuestro sueño. Hacer un parada, pues, como os he dicho, este post va a ser largo y no tiene final: y no os sintáis desilusionados si la medida y el raciocinio no han calado todavía en mi… Tal y como me dijo hace algún jueves una chica simpatiquísima frente a mi mostrador de Federica & Co: “Cuando te leo, cojo mi café y me siento tranquila, sabiendo que no debo tener prisa porque aunque digas que vas a ser concisa, lo cierto es que se que debo tomarme mi tiempo”… Pues vaya, mi corazón sonrió sin parar de agradecimiento por supuesto y siempre (¡alguien me lee!)… Pero sonrió sobre todo porque leerme significaba calma y tiempo, de un momento para uno mismo de introspección y serenidad, de susurrarle a nuestro cansado y muchas veces agotado corazón, las notas lejanas de lo banal y cotidiano elevandolo a majestuoso; de lo sencillo y costumbrista, normal y habitual transformandose en memorable y valioso (sin quererlo yo misma y sentirme muchas veces, la persona menos capacitada para ello) con el simple acto del silencio y la lectura , posando le vista sobre mis danzares escritos y tocando el cielo a través de las palabras desvelando el sentido de todas y cada una de mis historias.

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Me he sentido pues, perdida, queriendo contar tantas y tantas cosas, tantos momentos, tantos sentimientos, tantas situaciones dignas y merecedoras de un capítulo o de una novela al completo, que me he visto pequeña y sin armas para afrontar todo aquello que mi mente exigente necesitaba sellar por escrito en esta vida y sin más titubeos. Pero ¿cómo puedo hablar de la transformación acontecida el 8 de Mayo pasado, un acto que ha cambiado radicalmente mi vida? Y hablar de como he abrazado mi yo mas vulnerable y enfermo y he curado mis heridas? Como contar como cogí en brazos también mi Perla Negra y tomé una de las decisiones más dolorosas que debía escoger y cómo convertí esa tristeza y desasosiego, en un viaje hacia las puertas del autentico paraíso en cuestión de semanas? Cómo podía unir todo aquello con la historia de mi familia, una historia como otra cualquiera y sin pretensiones de resultar especial o interesante, pero absolutamente necesaria para entender profundamente qué largo camino he recorrido hasta llegar donde hoy me encuentro, sabiendo que cada detalle, cada lagrima y cada cicatriz significaba atesorar, en algún momento (y por supuesto yo lo desconocía por completo)las piedras que me guiarían hacia la libertad de la felicidad existencial. Un camino que necesito desesperadamente dejar por escrito. No es que la historia de mi familia o la mía propia, repito. sean más interesantes que las de otros, seguramente todo lo contrario. Digamos que según el enfoque y según la lente con la que analices los acontecimientos y a los personajes, algo meramente banal se puede convertir en todo un hallazgo. En mi caso, muchas vicisitudes ocurridas desde mi temprana edad y a lo largo de mis 37 años sí han tenido la capacidad de convertirse en algo algunas veces hilarante y casi cómico, otras estremecedoras, otras olvidadas por el formol del sufrimiento y otras, todavía sin haber ocurrido todavía.  La manera en la que agudizamos nuestra pluma a la hora de relatarlas es el único medio del que dispongo para narrar lo que mi corazón recuerda y guarda como el mayor tesoro. No se trata de una biografía, de hecho muchos detalles, personajes y situaciones las omitiré visto que no tienen relevancia alguna para el fin de esta historia: que es llevaros de la mano dentro de mi mundo y que descubráis conmigo y al mismo tiempo que yo lo hago, donde se encuentra la felicidad y mi amor por la cocina, el campo y la simplicidad de lo gratuitamente y honestamente alcanzable y reconocible con los ojos de la imaginación. Por esta razón hablo de un cuento, porque mi narración será embaucada por la exaltación de la fantasía, la deshumanización de la tragedia diaria y sin pudor ni castigo, abarcaré todo lo irreal que mi mente sea capaz de alcanzar (irreal para aquellos que miran con los ojos del cuerpo y de la mundanead) dejando libre y dando libertad a mis pensamientos tejiendo solo un hilo muy fino con la doctrina aprendida. Es un cuento sobre el aprendizaje y hasta donde he llegado, porque somos historia y las historias que recordamos son como una linterna mágica para los momentos de oscuridad.

¿Cómo podía no escribir sobre mi nueva Perla Negra, sobre mi cambio de vida tangible, sobre dejarlo todo y seguir tus sueños. De abrir una mañana todavía oscura los ojos y con las pupilas bien clavadas en el techo y con la garganta todavía sofocada por la angustia de la noche (maliciosamente instigadora de las angustias diarias) decidir sin pedir permiso a mi consciencia y a las leyes de la buena conducta, que en ese preciso momento y sin más dilataciones ni dudas, sería el exacto y cartesiano instante en el que por fin mi vida y la de mi familia, cambiaría radicalmente tomando el rumbo hacia el coraje y la valentía de ser realmente felices.
Las decisiones mas duras y dolorosas habían sido tomadas y se vislumbraba un futuro claro y azul tras la tormenta. Quizá no sería tan azul por falta de impedimentos y sacrificios, ni tan plácida ni libre de tormentas: ya sabemos que el mar como la vida que hemos construido, se mueven al son de huracanes y tempestades, y que la tragicomedia de las almas danzarinas no deja de mover sus pies suspendidos por el aire y posandose sobre nuestros corazones caprichosamente. Pero se trata pues, de entender y descubrir que pase lo que pase, se repita cuanto se repita el dolor, éste, como las estaciones del año, como el amanecer y el atardecer, se renueva y renace dejando atrás solo la sabiduría de lo aprendido, y que con un simple anteojo por el que ver y entender la vida, las huellas de este dolor desaparecen y por arte de magia, desaparecen.
Ha llegado el momento de navegar hacia otro destino y surcar mares que hasta el momento no habíamos tenido el coraje de ni siquiera localizar sobre un mapa. Ha llegado el momento de recoger el ancla y seguir el espíritu libre de mi embarcación y hacer realidad algún que otro sueño, esos que nacen de la imaginación por supuesto,  y esos que también, nacen con los ojos abiertos. Esos que nacen del corazón y que nacen de la pasión, del destino y de saber escuchar las notas sinceras de la vida fluyendo por mis venas. Sueños, esos que siguen ahí aún después de todas las caídas, de todos los fracasos cargados de sufrimiento que nunca parecen acabar, los que te ponen en pie una y otra vez (como Rocky Balboa) y te hacen apretar los dientes hasta escupir al suelo. Esos son lo sueños que bailan en este momento envolviendo mi corazón entre sus dedos y mimando y curando todas y cada una de mis heridas. Ha llegado el momento de levantar la cabeza, el vuelo y respirar al fin hondo y profundo. Dejando atrás un mundo demasiado mundano y hecho de demasiados iconos, estereotipos, objetos de devoción, representantes de atributos superficiales, normas de éxito vacías; propulsado hasta la extenuación del estar y ser, cargado de arquetipos, modas y reyes que ningún ser humano de a pie podría nunca igualar o quizá ni siquiera entender. Yo salgo descalza y desnuda y emprendo un camino aún más difícil pero para mi querido corazón, aún más verdadero. Emprendo esta nueva vida (y nunca jamás dejaré de emprender) y comienzo este nuevo camino sin más bagajes que toda la sabiduría y la experiencia de los días y noches eternos que la gran ciudad le ha cosido a mis huesos, tejiendo un largo relato de sabores amargos anclados a mis encías y que me han convertido también y hoy en día, en la mujer que soy y quizá hayan convertido mis alas en aún más poderosas de lo que jamás hubiera podido imaginar. Resurgir de tus cenizas no es solo la esencia de esta vida maravillosa, sino un acto de humildad y de coraje, y cuando esas cosas que importan y que se refieren y adhieren a la vida pura que le arropa cada noche el alma a uno, todo lo demás, sólo es el resultado de lo que sepamos crear con nuestra manos y con nuestra pasión. (Para mi, el amor, como la familia y el calor del corazón son los grandes tesoros que cualquier ser vivo debería ambicionar por encima de todo y de todos)

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¿Como podía no hablar de cómo mi nueva vida me habla a diario, de como ruge mi corazón y de como veo florecer de nuevo mi alma y con esto, todo lo que soy capaz de crear. Y con esto, todo lo que soy capaz de hacer realidad en mi trabajo? A donde va Federica & Co? Donde va la Perla Negra… Hay tanto que contar.. Cómo podía no sentirme enjaulada por mis palabras y no sentirme conmocionada por tanta abrumadora y excitante transformación que me ha llevado en tan poco tiempo a proyectar tantas ideas y tantos proyectos nuevos, y al fin, poderlos hacer realidad? Por primera vez en todos estos años de duro trabajo puedo hacer lo que me gusta y esto, crear, idear y disfrutar con la consciencia de que esta es al fin, mi oportunidad para dar rienda suelta y salvajemente, a todo el alocado y ensoñado mundo que habita en mi interior: mi Perla Negra nunca resplandecerá tanto como en las próximas semanas. Y esto, queridos lectores, me llena la cara de lágrimas de total y absoluta felicidad.

Sujetemenos bien, que viramos a babor y este cuento por capítulos va a comenzar.

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(Escucho dos piezas increíbles -Awaken y Yes!- de la magnífica película “Jane Eyre” de Cary Fukonaga)
Sentada en mi encantador estudio de nuestra casa de Santillana del Mar y lejos del caos de Madrid y de la ciudad, acompañada de las mejores composiciones del magnífico Dario Marianelli y el ritmo melancólico de mis canciones favoritas italianas (como amo las bandas sonoras… Aunque los eruditos de los clásicos de la música clásica se me echen encima como Rotwaillers, lo cierto es que encuentro sublime la capacidad de hacer volar la imaginación y poner a flor de piel mi mas profundo sentimentalismo) sonrío con todo mi corazón acompañada de una magia desconocida que hasta apenas unas cuantas semanas consideraba digna y mereciente no solo de unos pocos. Aquí comienzo mi relato sabiendo que en efecto, no puedo ser en este preciso instante más felíz y sentir más placidez dentro de mi. Y esto no se debe a un cambio en mi mundo exterior: estas paredes siguen siendo las mismas y la silla sobre la que descanso, sigue teniendo un enorme roto en la tapicería. Se trata de algo que hay dentro de mi, que no se rige por las reglas de la sociedad, que no se rige por el éxito, no se rige por lo tangible ni alcanzable. Está en el interior y llevaba dormido más de 27 años. Debo pues, dictaminar y sin fallo alguno que mi consciencia real, animal y hermeticamente cósmica está atravesando lenta y perseverantemente un mundo que hasta hace poco desconocía por completo, iniciandose en una plácida y serena visión del mundo que le ha devuelto la placidez a mi alma.

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Hablaba de mi estudio en Santillana… (las palabras siguen saltandose sus limites craneales y siguiendo viento en popa por las arterias consiguen colarse por alguna zona musculosa y llegar antes que el ritmo del orden, a mis dedos y escribir por si solas)

Mi estudio era la antigua habitación de Mercedes, el ama de llaves y la fiel acompañante en vida de Tia Ninia (para hablar de este personaje necesitaré una enciclopedia y tres o cuatro ciclos de vida humana, pero aparecerá en el momento oportuno de esta historia): una habitación de techos bajos, suelo, ventanucas y detalles de madera antiquísima: las dos puertas que la aíslan del mundo (y a mi, por consiguiente) también son de madera y miden apenas 170 cm de altura: están compuestas por una manilla también de antigua y también tienen de mitad para arriba y en vez de la madera lisa, 8 mini ventanas pequeñas y con cristal que están todavía revestidas con la tela de Toile de Jouy granate que en su día, adornaba todas las paredes y el techo de toda la habitación (exactamente como una habitación de campo de la Inglaterra Victoriana de finales del XIX)
Para entrar es necesario subir tres escaleras, por lo tanto si se es de una altura normal (no como yo, que soy pequeña, al igual que lo era mi abuela paterna Gianna) se debe tener atención a no golpearse la cabeza con el arco principal. El hecho de tener que agacharse convierte esta habitación de unos 6 mqs en un refugio solo apto para niños o seres con mucha imaginación y sueños sin resolver.
Ahora, todo está pintado de blanco y sus paredes calizas parecen rejuvenecidas. El suelo de es madera crujiente y los dos armarios empotrados son lo más grande de esta habitación. Una cama pequeña en la que coloco con mimo las sabanas de cuando yo era pequeña que mi madre guardaba con todo su recelo y amor en un arcón (unas joyas textiles de Laura Ashley de los ´80). Una pequeña cómoda de madera oscura típica de la casas Cantabras y una mesita de pino que antiguamente debía tener un brasero en el medio casi a ras del suelo: este el agujero por el que cuelo mis pies pequeños, los cruzo cuando estoy concentrada y los froto cuando estoy cansada y aburrida de estar delante del ordenador. Cuando decidimos venir a vivir aquí hace un par de meses y a expensas de la mudanza oficial a principios de Octubre, mi marido tuvo el detalle de traer mi butaca de estilo Louis XVI que mi madre me regaló cuando tenía 8 años. Esta butaca, también tapizada con un Toile de Jouy pero en lino y azul plomo-marino, me ha acompañado en todas y cada una de mis innumerables mudanzas, aventuras y vidas. Y aquí está, cada vez mas gastada y sabia, sujetando mi cuerpo y mis pensamientos una vez más. Aquí, en esta pequeña y circular mesa me siento yo, con el ordenador ocupando casi toda la superficie y todos mis millones de recortes y libros haciendo pilas en el suelo.
Lo más inolvidable y sereno de esta habitación es sin duda el olor que desprende: a campo verde y frondoso, a humedad, a silencio (si, el silencio huele. Al igual que la felicidad y por consiguiente la magia… A mi me huele a campo mojado, a chimenea, a leña y a piedra antigua). Aunque como muchas veces en esta vida, lo más extraordinario proviene de un segundo análisis, una vez que hemos apartado lo que se oculta tras la apariencia y el primer impacto con la realidad. Cuando miramos con los ojos que guardamos para ocasiones especiales o que se ofuscan o iluminan según como nos sentimos, la vida se abre ante nosotros como nunca la podríamos haber ni siquiera imaginado.

Y lo extraordinario no se queda solo en el olor. Sino en la dos ventanas que cada una en su tamaño y ubicación, abren ante mi y ante cualquier visitante, una una vista sin iguales: una gran ventana ( de tamaño estándar pero que parece mas grande de lo normal debido a las medidas de la habitación)se asoma al patio hecho de piedra centenaria de nuestra casa: un patio pequeño y encantador protagonizado por un naranjo de fruta amarga con largas hojas verdes rodeado de muros revestidos de musgo aterciopelado y del que salen tímidamente pequeños ramos de margaritas silvestres. Hay macetas de todo tipo y tamaño que hemos ido trayendo de nuestra casa: romeros, olivos, Boj, albahacas y aromáticas de todo tipo, Jazmines perennes, camelias, un Júpiter y cuatro mini naranjos (un edén salvaje). Este patio conserva originalmente una curiosas hortensias que acompañaron a Tia Ninia durante muchos años. Estas hortensias ( una de mis flores y una de mis plantas preferidas) parecen haber renacido al son de mi propia piel, rejuveneciendo y refloreciendo cuando se las daba por perdidas y fueron a punto de ser tiradas. La mano paciente, calma y segura de mi marido (mi absoluto y mágico Jardinero Fiel parece susurrarle vida a las plantas y flores y así con su amor, a todas las causas perdidas y los corazones en bruto olvidados por el mundo) le devolvió la vida.

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La vida sí, qué curiosa, fuerte y milagrosa es.

Y esto no es todo: si giro mi espalda hacia atrás con mi cabeza, puedo ver a través de una pequeña ventana también de madera, que se abre y da al mundo: atravesando con la mirada los techos y muros medioevales de Santillana, esquivando arboles y chimeneas, sobre volando los pasos del camino de Santiago y levantando bien la vista, caemos como en un cuento directos, y al fondo, sobre un prado inmenso verde, mojado y resplandeciente y habitado por vacas y unos curiosos pájaros blancos de pico alargado que parecen vivir al unísono de sus grandes vecinos. Si abro las dos ventanas a la vez, puedo oler a lluvia y a mar, un olor profundo, silencioso, casi eterno. Como si los 5km que separan la costa de los muros de piedra de esta habitación fueran inexistentes. Algunos días entra un viento danzante y puntiagudo que se posa sobre mis hombros: dicen que es el viento del Noroeste, el mismo que trajo a una cierta niñera de buena casta al cuido de unos niños perdidos.
Por esta ventana dejo que entre (y de manera muy sopesada) alguna voz o recurdo de conversación de los miles de turistas que visitan este pueblo empedrado: cuando la fatiga puede conmigo, asomo mi cabeza y es como si el mundo y sus habitantes desfilaran solo para mi. Italianos, franceses, anglosajones, eslavos, orientales y por supuesto españoles. Me asomo sin que me vean y curiosa y esquiva, escucho sus narraciones y anécdotas, para luego volver a refugiarme en mi alocado, abrumador y lleno de vida mundo. Solo aquí me siento como una joven escritora con todo el mundo por delante y toda la vida que relatar. Dejé de creer que podría escribir a los 18 años y desde entonces sólo he anestesiado mi corazón y mi necesidad de escribir contando con los dedos los momentos en los que como una enferma terminal, permitía que mis dedos y mi alma se unieran en una danza silenciosa y turbadora. Mi romántica imaginación me hace sentir como si no hubiera pasado el tiempo y desde aquí, desde mi estudio, desde donde nacen, crecen y se hacen realidad todas mis ideas (tanto literarias como profesionales) paro el tiempo y viajo sin apenas necesidad de moverme, a otra época, siglos atrás, a otro país… A una Inglaterra de finales del XIX, que todavía utilizaba pluma y consentía a las mujeres alzarse con la virtud de la escritura. Cierro los ojos y me veo inmersa en medio de la campiña inglesa, rodeada de telas de flores y con el uso de una imaginación embriagadora, me cuelo, dando un salto en el tiempo, en mi vida real. Bendita, en todos y cada uno de sus misterios.
(Quizá dentro de un tiempo, si la vida me lo permite, esta habitación se convierta en el escondite mágico de mis propios niños perdidos).
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Empieza a llover y recuerdo que tengo que seguir escribiendo. Me encanta la lluvia, calma mi consciencia y apacigua mis pensamientos. Serena y le canta a mi corazón rugiente.

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Me estiro, me levanto y me visto: necesito coger aire profundamente y salir de aventura con los chicos (Cash y Dumas, mis hijos pointers perrunos y Priscilla, la Carlino heredada de mi madre y recientemente tuerta) . ¿De aventura? por supuesto, cuales piratas recorremos lugares escondidos y salvajes a orillas del mar. Ellos son mis exploradores y niños perdidos, ángeles sin alas que siguen mis pasos indiscutiblemente. Atravesamos lugares por los que hay que trepar enérgicamente, bajar, esquivar y rodear rocas y olas, donde el agua se apodera de tu piel y de tu cuerpo que resiste inútilmente antes de relajarse y hacer rendido ante la fuerza de la corriente… Así como lo haría esa absoluta e incontrolable necesidad de sentirse amado.
Aquí, a orillas de la vida y del mundo, es donde se descubren todos los tesoros del mar. Del origen. Pequeños y olvidados tesoros: pequeños cangrejos, flores marinas, conchas dignas del pincel de Renoir, animales diminutos nunca vistos… Desde muy pequeña encontré apasionante el observar, contemplar, descubrir y examinar minuciosamente el infinito mundo de los animales, de las plantas y de todos los seres vivos, sobre todo de los más pequeños y diminutos…. Me fascinaba y me sigue fascinado profundamente como la madre naturaleza es capaz de trabajar tan brillantemente dejando atrás y por mucho, cualquiera de las invenciones o logros humanos. Esta misma sensación, la de pertenecer a algo que va más allá de lo conocido o experimentado, eso que parece abrirte el alma en canal y hacerte comprender que en su día, perteneciste a una tierra gloriosa e inquebrantable, y que el todo, el universo, el macrocosmos y el microcosmos se complementan en una ecuación perfecta: esta misma sensación, que se apoderó de mi la primera vez que pisé África y su sol me calentó las mejillas, es la misma que vuelve a mi, una y otra vez cuando dejo que mi imaginación juegue al son del mar y olvido por completo de donde vengo y a donde voy, quedando desnuda ante la esencia de la vida sin miedo alguno.

He vuelto a mi estudio. Ya ha dejado de llover. Y este Preludio ha acabado. Es el momento, al fin, de empezar el primer capitulo de este, mi cuento más personal.

CAPITULO I:
“Escucho “Ti si na Cosa Grande” de Domenico Modugno”

Ocurrió sin esperarlo, como había pasado muchas otras veces antes, tantas veces que no sabría ni recordarlas todas. Había ocurrido sí, otras veces, siempre de la misma manera y me había despertado siempre con la misma sensación: quería morirme. O quizá me había ya muerto o estaba a punto de hacerlo. Esta vez el dolor era tan inmenso y tan insoportable que ninguna de las lagrimas o gritos que hubiera podido lanzar contra la vida, ni siquiera la rabia y el dolor por existir de esa manera, habrían podido calmar. Estaba boca arriba en la cama de mi habitación, sola. No podía mover los brazos, ni las piernas, ni sentir la piel de mi cara: solo tenía el corazón saltando sangrando y desesperado fuera de mi pecho y fuera de sí, y yo, por dentro y por fuera, me sentía morir. Había tocado fondo, pero esta vez había sido distinto: no podía distinguir donde estaba el camino de vuelta a casa. Me sentía terriblemente sola y perdida, y aunque había creído tocar fondo muchas e innumerables veces a lo largo de mis 37 años de vida, aquella, aquella era la definitiva: de esta no iba a salir ni siquiera de rodillas ni mordiendome la lengua y la tierra, tragando saliva sin parar. Esta vez no, no había nada a mi alrededor que me dijera que no hubiera cruzado el umbral desde el que no se vuelve, del que no te deja más alternativas que la locura y la pérdida de todo lo que valiosamente, sí había guardado en mi maleta particular como última esperanza.
Pasaron delante de mis ojos todos los tormentos de mi vida, era como si todas las llagas se volvieran a abrir y todos y cada unos de mis dolores más profundos se apoderaran de mi, dejándome sin respiración y sin alterativas. Había perdido la cabeza y hacía mucho frío. Eran las 9 de la mañana del 3 de Mayo del 2015: el día en el que cambió mi vida.

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Aquí ese acaba este Preludio y como bien es sabido por los entendidos, hay que saber en esta vida, cuando parar y respirar.
El I Capítulo ya tiene comienzo, pero necesitaré de más tiempo y más inspiración para poder continuarlo.
Desde mi butaca solo puedo finalizar diciendo que seguiré escribiendo sin parar, a veces post sobre mi trabajo, mis viajes y mis recetas, y otras veces seguiré abriendo mis recuerdos y cajones más íntimos, para continuar con estos capítulos sobre mis historias, sobre la magia y sobre la felicidad.

Para no dejar de ser fiel a las costumbres, aquí os dejo unas cuantas recomendaciones, esta vez y de nuevo, personales e instransferibles.

Como dijo mi querido Luis Cabañas hace ya 8 años: A ser feliz, que no es poco.
¡ENJOY!!

Leer el Libro de “El Mago Merlín” de Michael de Borón
Descubrir la Quesería CULTIVO en Conde Duque n15 de Madrid. Sin palabras www.queseriacultivo.com

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Ver la película “El Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders

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