Escucho a Steve Wonder: For Once in my Life

primera

Este será el último post con este formato, nos modernizamos. Este cúmulo de palabras que me tomé como una vía de escape y de formalizar el hecho que la escritura es como beber agua o hacer pis, se transformará en breve y su paquete será más actual, atendiendo al estresante mundo de la irreal vida internauta. Así que nos modernizamos y yo me comprometo, firmando con un matasellos hecho de un compromiso doloroso con la vida real de mi puño y letra y la rutina de hablar de cosas elevadas a la importancia por el público indiscutible, a escribir. Sin parar. Una operación de estética informática y un corazón sensible al que explotar. Y con mucho placer, el corazón está para darlo todo. Siempre. Y nunca falla.

He tenido que empezar este post de mil formas distintas, tras tanto tiempo sin escribir se acumulan los sentimientos, los pensamientos, las experiencias y no sabes al final qué tiene importancia, que no vale la pena y qué es de vital esencia para entender. O por lo menos, con qué no puedes dejar de vivir y, luego, contar. Y de eso va este post. Sobre la vida, sobre lo que nos hace latir escondido tras su capucha de invernante humano atravesado por la historia del tiempo. ¿Qué cosas hacen que merezca la pena vivir? Qué pregunta más banal, la vida en sí es un milagro y no hay listas de amores superlativos, pero hay veces que la conciencia humana nos deja a oscuras ante tanta locura terrenal. Y más en estos tiempos tan tan duros para tantísimas personas.

He seleccionado estas palabras del Dr. Levy, un filósofo inventado por Woddy Allen en su película Delitos y Faltas.

“Interior. Día. Salita de montaje.

En el monitor de la moviola aparece el profesor Levy con sombrero y bufanda, caminando por un parque nevado.

Voz de Levy: Observarán ustedes que estamos apuntando que…

A lo largo de toda nuestra vida hemos de enfrentarnos a decisiones angustiosas… elecciones morales. Algunas son a gran escala; la mayoría de estas elecciones se…centran en cuestiones menores, en cuestiones banales. Pero…todos nosotros nos definimos a nosotros mismos según las decisiones … En realidad somos, de hecho, la suma…total de nuestras decisiones. Pero los acontecimientos se producen de una forma tan imprevisible…tan injusta. La felicidad humana…no parece estar incluida en los designios de la creación. Sólo…nosotros, con nuestra capacidad para amar los que  podemos dar significado al universo indiferente. Y sin embargo, la mayoría de los seres humanos poseen la habilidad de seguir e incluso de encontrar la felicidad en las cosas sencillas, en las cosas simples … la familia… el trabajo… y en la esperanza de que las generaciones futuras comprenderán mejor el mundo… “

Sobre las sonrisas, sobre en fin, lo que van todos mis post tan poco seguidos y como a rachas, como la vida misma. Pensaba en mi madre, en cómo le transmites ganas de vivir a una persona que se enfrenta a la muerte todos los días, con dolor y con los ojos tapados por la ignorancia médica que se basa en estadísticas. Y pensaba en todas las personas que en este momento tan tan decadente ante el sufrimiento social, lo han perdido todo, y sí, también lo material que a veces parece ser lo único que te queda. Nosotros que nos creíamos como los Intocables de Elliot Nees, los del lado del mundo bueno y primer equipo de ascensión al podio de los triunfadores, nos hemos visto reducidos a vivir la angustia que muchos otros seres humanos viven en silencio repartidos por la tierra. Y además, indefensos, sin gritos ni quejas desesperadas, bien callados, porque decir las cosas queda mal. Y pensaba también en todas las personas que lo tienen todo y que viven el mal de existir, sin amor y sin sueños que alcanzar, ni magia que respirar ni saltos de felicidad que ni siquiera recordar. En las personas que no tienen recuerdos, que no tienen a nadie.

Por aquí quiero empezar pues, por todas aquellas cosas que nos hacen vibrar, aunque nos arrodillemos ante la tristeza.

segunda

Todavía tengo el sabor entre los dedos de mi última navidad: si hubiese podido escribir un cuento lo hubiera titulado “Y era así la Navidad perfecta”

…. Mucha vida de familia normal (la mía propia, Jaime, Cash y Dumas), películas de toda la vida, detalles que colocar y reinventar en nuestro hogar, pic-nics en la playa, cocinar dejándome llevar por la fiebre de Spotify y la música italiana de mi niñez, bailar descalza y abrazada, todos los Food & Wine y Delicious atrasados y sin leer de hace años, locuras de baños pseudo-artístico culinarios y por supuesto literarios sintiendo de verdad que aún no es tarde para ser otra persona, que nunca es tarde para hacer realidad tus sueños de adolescente y que si no se cumplen, volver a sentir el frenesí y la inexplicable emoción que uno siente al volverse a meter en los pantalones de una vida sin explotar todavía. Volver a escuchar a Charles Aznavour, ver Un hombre y una mujer con esa espléndida Anouk Aimee. Y por supuesto, mirar a mi marido mientras se relaja cante uno de sus vicios favoritos y que yo alimento: fumar un puro con un whisky de malta a la vez que se le salen las órbitas cuando descubre un nuevo grupo de jazz. Creo que la perfección no existe y aburre, y ver mi felicidad nublada y chubascada por la eterna lucha por mantener Federica & Co a flote y el sufrimiento de mi madre, forma parte de esa peculiar manía que tenemos de querer seguir vivos y encima disfrutar de ello.

tercera

He hecho un paréntesis, para viajar atrás y sentirme feliz. El encontronazo de Enero del 2013 que abofetea con el frío y las pocas ganas de arrancar el motor de la imaginación, me da arcadas cuando bajas a toda castaña como en los tiovivos, que a mi personalmente, me dan náuseas con sólo mirarlos en una foto.  Y de paso en paso, de des-propósito en propósito para el nuevo año, rozando ya casi el floripondio de san Valentín y cayendo en picado en mi 35 cumpleaños, pretendo sacar una sonrisa a todos los que se acerquen, aunque mi mal genio y mi carácter insoportable (es así, soy muy consciente) más bien me lleven a la guillotina de sierra eléctrica.

Hace frío, en enero hace frío y en febrero se consolida más. Cuando era pequeña recuerdo mis cumpleaños con nieve y frío, por eso será que disfruto como los vampiros y los lobos de las heladas invernales, de el fresco entre las fosas nasales y las manos congeladas con respecto al corazón. Y el invierno también guarda muchos secretos y muchas sonrisas que descubrir. Me encanta el campo, sobre todo cuando está helado, parece que está como dormido: nada como coger el coche o tren de cercanías y perderte por el monte, por un parque, entre pinos, llevar un picnic con caldo caliente, quesos y vinos y respirar fuera de la ciudad.  Me gusta el silencio de los paseos de domingo pronto por la mañana, el asfalto, el frenesí y los coches parecen haber desaparecido o estar dormidos, y el frío que asalta mi piel blanca hace distinguir pensamientos claros y positivos que hablan en mi cabeza, sin parar, mientras paseo sola desmontando mi vida.

cuarta

Encender la chimenea y disfrutar del silencio absoluto. Recordar que merece la pena romper la soledad con una buena pieza de Schumann, Ingmar Bergman, la felicidad de mis chicos por sencillamente existir, las pinceladas exactas de “melancholia” (Como la película de Lans Von Trier) de Mark Rothko, las aguas cristalinas del pantano, una copa de viña El Pisón, las sonrisa de Jaime, los poemas de Giacomo Leopardi y las obras de Pirandello, la voz de Julián Casablancas, el olor de las mimosas, mis recuerdos en áfrica (y se acelera el corazón), mi ahijada Carlotta…  Sí, los niños… No existen seres más increíbles que los niños. Terminar de ver una película desconocida y sentirme en la silla como si me hubiese sacudido un huracán… Ese momento mágico, indescriptible y personal que se encuentra ante el perfecto equilibrio natural de la naturaleza: entre idear e preparar el ante sala de un almuerzo de domingo mientras sorbo las primeras gotas de un vino y nos paro de pensar y oír voces sobre la vida dentro de mi corazón… Y justo el instante de satisfacer el apetito visual y el caer rendida ante otro experimento culinario. La música de mi marido, siempre en constante movimiento, a veces aullando de dolor y otras veces de felicidad inmadura como ninguna (no podría haber otra, la madura y consciente y consternada es para viejos del alma).

Cosas por las que merece sonreír… Todas las películas de los años 80 y 90, eso clásico sobre los clásicos de culto, que me lanzan como una catapulta a mi adolescencia de aparato, timidez e intramundo cuando la vida era mucho más sencilla: The Goonies, Star Wars, Tiburón, El Padrino, Indiana Jones, Ferris Bueller’s Day Off, E.T, Aterriza como puedas, Ghostbusters… Sin hacer elogio de ninguna lista conscientemente divina, intelectual o de buen gusto cinematográfica…Esta selección de clásicos sin importancia que nos recuerdan que en otra época el mundo era un lugar entrañable sobre el que pisar y que la inocencia, el don más importante de un ser humano, no tenía un sentido simbólico de edad corta y juvenil, sino en la larga carrera que la vida significa un punto sin retorno para seguir sonriendo no obstante todo.

quinta

Si, seamos sinceros, todos tenemos necesidad de sonreír por estupideces por anormales que sean y por absurdas que sean. No siempre se puede regir uno por el coolismo inmóvil de las redes sociales (que estrés!)… La última vez que me escondí tras un momento para mi, como cuando era adolescente, me he sentido más como la auténtica Bridget Jones que cualquier otra heroína que hasta cuando se descalza y se lava los dientes parece una musa de la perfección. Y sonrío la verdad, sonrío cuando me imagino la ropa interior de esta mujer absolutamente perfecta, sus buenos propósitos, su balanza desencajada y su terrible humor negro tirando a patético. Disfrutar de una cena light (si, light… Frittata de calabacín, con búfala, albahaca y pimienta) con un copa de vino mientras veo una película de comedia romántica cutre con ojos temerosos por ser juzgada por mi consciente gemela terrenal. Y  pienso en poner una foto de la última estrella de Hollywood de menos de 28 años delante de la puerta de la nevera para cuando sufra ataques de “tampoco he engordado tanto”. Y sonrío recordando el speech que una fantástica Rosie O´Donnell le dedica a sus amigos de pueblo en la mágica Beautiful Girls (1992) sospechando que las mujeres, las de verdad, están hechas de carne y hueso y mucha belleza interior.

A propósito de mujeres. De la amistad. Yo nunca había tenido afinidad con la amistad femenina y en el curso que la historia personal de mis sentimientos ha dibujado, he sentido hasta rechazo por excesivas hormonas dislocadas en un mismo conjunto tangible. Así que siempre he tenido amigos chicos. Sin problemas, sin retorcimientos, sin envidias o sin inseguridades. Si destruimos la frontera entre la natural atracción física y no saber cómo reaccionar al hecho de gustarse o atraerse, la amistad se convierte en una complicidad. Aunque como he repetido en otros posts, más tarde tuve que retractarme y admitir que mis mejores amigas, las de verdad, las he conocido después de mis 30 y que antes, cuando era una cabezota, no sabía lo que era tener una voz perfecta que te seca las lágrimas incluso cuando nadie sabe que estas llorando.

sexta

Me hace sonreír mi marido Jaime. Otras, me hace llorar y otras me enfurece. Pero siempre es el timón que sujeta mi vida. Recuerdo la pasada noche de sábado, mientras estaba escondido tras su gran ordenador en su lugar favorito de la casa: su mesa reciclada y pintada por mi ( que yo, con las manos, no se hacer nada, sólo cocinar y cambiar ruedas del coche) aterrizando en su mundo de música y cine…Y descubría un grupo nuevo tras otro… Y yo repasaba mi última novela (Ingmar Bergam : Secretos de un Matrimonio, ya le dedicaré un post al completo)…  Y de repente le oí susurrar, mientras le miraba ensimismada en mi mundo aunque con las órbitas de mis ojos saltando de una imagen a otra, cuales eran algunos de sus sueños. Y os aseguro que sonreí. De verdad.

Sonreí redescubriendo los VHS de los ´80 mientras me acurrucaba en el hogar de mi madre y con guantes de cirujano, caí rebuscando entre muchas cosas, muy muy familiares pero muy muy olvidadas que aún me eran indiferentes. La vida, por muy vertiginosa que pueda parecer, siempre remunera nuestra astucia cuando nos encontramos con la punta de los dedos de los pies sujetándonos sobre el filo de navaja. ¿Cómo? Con el coraje. Y de paso, una sonrisa. Aunque el mundo se caiga y caigamos tras él en picado hacia un lugar oscuro donde no sabremos si nos estamparemos y el pánico modifique las facciones de nuestra alma, os aseguro que la caída será siempre más reblandecida por la satisfacción si lo hacemos mostrando nuestro perfil más bonito.

septima

Me enfrento ante una guerra que se escapa de mis manos, en la que el cáncer se lleva por delante el batallón de todos aquellos que son seleccionados por azar sin importar la cultura, el origen o la edad, y la pérdida de una madre representa el mástil del barco de cualquier pirata, por todo que los recuerdos de las tormentas y la agonía por seguir a flote en la juventud hagan agua, una madre es una madre. Y me enfrento a los terribles errores y defectos que mi naturaleza desorganizada lamenta en el corazón de el imperfecto pero delicioso y adictivo, desde luego como la peor droga, mundo de Federica & Co. Así que vuelta a empezar, de cero y con más años y menos tragicomedia que esta barbaridad económica que deja cadáveres por donde pasa. Aún así, sigo siendo una afortunada. Aun perdiéndolo todo, sería muy afortunada. Y sólo por esto, sólo por la suerte que me ha tocado vivir en la vida, tengo la maldita obligación de sonreír: y de verdad, no con aparatos ni como consecuencia de la rutinaria falsedad, sino con todo el cuerpo y todos los huesos. Como hacemos las tenderas, que tenemos y debemos aprender el arte de sonreír aunque el mundo se desplome o nos hayan roto el corazón.

De esta última desaventura he aprendido muchísimo, y ya se sabe lo que no mata endurece. A ver si esta vez aprendo de verdad.

Esta mañana sonreí, ha sido la primera sonrisa del día: estaba escuchando radio3 la favorita de Jaime, y a lo largo de una entrevista un músico de Electrónica explicaba que “ Cuando voy al mercado y veo todos esos colores de frutas, verduras… Me inspiro y creo…” En fin, yo no soy tan melómana, yo soy más Indie y me chifla Gershwin, pero para una personita como yo que considera que ir al mercado es lo más fascinante que se pueda hacer en la vida y que comprar verduras, quesos, carnes, pescados es lo más maravilloso que le pueda ocurrir a una chica como yo, para la que cualquier escaparate de moda pasa inadvertido como una mala película.

octava

Sonrío gracias a unos corazones que no entiendo todavía cómo puedo llegar a merecer, pero que están ahí, no obstante todo, conociendo mis terribles defectos, y me llenan de cariño, de apoyo, de esfuerzo, de ánimos incondicionales y se entregan por completo: Gracias Eli, Gonzalo, Teresa y Verónica por supuesto, mi halfwed! Gracias de todo corazón.

Aquí van mis recomendaciones como siempre!!

novena Para Comer:

– Si queremos algo preparado con el mismo cariño, entrega y sinceridad pero Bio y saludable nada como Panela & Co www.panelaco.com que como ellos mismos se definen son a Fast Casual Restaurant. Sus dueños estuvieron un sábado en la tienda conmigo y me rechiflaron

– La Buena Vida, uno de mis top 10 en absoluto. Hacía mucho tiempo que no iba y nunca nunca falla. Impresionante. Calle Conde de Xiquena 8, Madrid

– Comporta, en la calle Serrano 120, Madrid : para comer en el centro, bueno, rápido y de una calidad estupenda.

– Por supuesto no iba a faltar mi TOP 1 en Madrid: Sacha. Calle Hurtado de Mendoza 11. Un clásico. Por cierto, estará cocinando este lunes 11 de Febrero en la cocina de Federica & Co formando parte de la SoulFoodNights www.soulfoodnights.org

Para Ver:

– La hilarante comedia Noises Off, se consigue en internet. Una de mis películas favoritas y que pensé en montar como obra de teatro. Mi querido Michael Caine hace un papel único.

– La Comedia cult de los 90 The Royal Tenenbaums, una de las favoritas de Jaime. Loca y con un cast de lujo

– Por supuesto Casino Royale, la auténtica de 1967 con un David Niven impecable, como siempre

decima

Para Nosotros:

– Si queremos hacernos un autoregalo que dure muchísimo, que sea único, que no pase de moda y que sea perfecto para este frío: un jersey de Yellow & Stone, yo tengo 2 y me hundo dentro cuando el mundo se pone oscuro berenjena. www.yellowandstone.com

– Fichar la nueva página de compras online It&Vip donde comprar los armarios  de los más cool: ropa, accesorios y todo lo que se pueda imaginar. Yo he vendido mis cosas, no soy nada cool pero feliz de participar en un proyecto tan bonito. www. itandvip.com

– Descubrir el magnífico trabajo de Aurelie y su blog www.pausegourmande-aurelie.blogspot.com.es  Me encanta!

– Por supuesto fichar el trabajo de los chicos de The Selby y de Kinkfolk: www.theselby.com y www.kinkfolkmag.com

11

Enjoy!! Y a sonreír!

Me despido escuchando a mi querido Chopin: Nocturne in E Flat Major, Op. 9 No 2