Escucho: “I’ve heard this song before”, by Helen Forrest & Harry James

Por fin he conseguido romper la barrera, sentarme a escribir y estar aquí de nuevo, a solas con la página de Word en blanco, tan solo con el título en la cabecera… Tengo clavada en la memoria del corazón el momento en el que me volví a sentir plena en mi lugar favorito del mundo, por fin, inalterada del ruido continuo y de nuevo con ese hormigueo en los dedos y mis latidos batiendo tan rápido como si mi corazón estuviera montando a punto de nieve todos mis pensamientos. Estaba en el pantano, hacía un día maravilloso: las hojas color cobre de los árboles de otoño, el suelo verde, el agua azul, los caballos, la pequeña potrita y los perros, cachorros, mis chicos y muchos más perros… Y un cielo pacífico y perfecto, limpio, tocado por el aire frio del otoño.

Entonces pensé de nuevo: Cómo había podido llegar hasta el punto de llevar casi tres meses sin escribir una sola palabra, cómo era posible que no recordara como se siente uno cuando escribe y se libera, cómo saltan mis dedos haciendo claqué cuando escribo con mi mente y asaltan una hoja en blanco tomando el mando de la situación, y sobre todo, cómo había sido posible no volverse un ermitaño de las palabras  cuando el tiempo pasa y cae ceniza sobre todos esos pensamientos que revolotean (una de mis palabras favoritas del diccionario) en mis oídos. Lo cierto es que sí es posible, y por esta razón ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me senté a escribir y que no fuera en ese momento mágico en el pantano cuando recobré la cordura y la compostura para este Blog. Pasaron más días de penumbra y arrepentimiento hasta que con una autocrítica feroz y la palabra disciplina gritando, por fin tuve la valentía de ponerme. Así que aquí estoy de nuevo, sin un fin premeditado… Espero no querer acabar con todo el pozo de emociones que hay en mis huesos de una sola vez y sobre 34 páginas.. Ya se sabe, o todo o nada. O blanco o negro. Nada de medias tintas. Eso no va conmigo. Y la mejor recomendación, lo sé, es escribir mas a menudo y sin necesidad de tener que contarlo todo al primer impulso. Lo voy a intentar.

Creo que escribir, si se hace solo con la voz de nuestro sistema límbico, exige que nuestro entorno y nuestra mente se encuentren en equilibrio con el resto del mundo. Por lo menos para mi, y para llegar a ese equilibrio, la mayoría de las veces hay que librar batallas que solo uno mismo conoce. Cuando abrí los ojos la otra mañana en el pantano, me dolió terriblemente haberme ausentado tanto de mi emoción, vocación y tortura (si, tortura… cuando es innato es terriblemente doloroso no satisfacer la necesidad). Sentí una punzada de melancolía típica del otoño. ¿No os pasa con las hojas caídas, los árboles amarilleando, tostándose con el declive del abandono del verano y de esa época obligada de desasosiego?…  Personalmente, no tengo ninguna simpatía por el verano (aunque toda mi infancia estuvo ligada a momentos únicos de serenidad veraniega y la palabra serenidad, esa palabra tabú en mi casa, fue inexistente) y además la vida me alejó completamente de cualquier resquicio de acercamiento al sol… He de confesar que ya en marzo, sueño (que eso es gratis) con mis idílicas vacaciones de verano… Aunque nunca son lo que uno se espera, empezando por el hecho de que yo, a partir de Junio no soy persona debido al calor, el sol, y la malignidad que ambos aportan a mi existencia. Aunque si es cierto que cuando uno sueña, lo real y lo tangible se evaporan. Para eso sirve soñar.

Así que de nuevo el otoño, ya impreso hace tiempo en nuestras vidas aunque no en la temperatura (¿qué es el 20 de Octubre con 25 grados?) y la proximidad del invierno, el frío, las chimeneas, la leña quemada, los calcetines, el chocolate caliente con un whisky de malta Japones Hibiki de la compañía Suntory www.suntory.com (ese Whisky que anunciaba maravillosamente un increíble Bill Murray en Lost in Translation) o un Ron Plantation www.plantationrhum.com, la pila de libros sin abrir que no nos dio tiempo de leer en verano, las mantas, las películas de TCM,  mis chicos una tarde de domingo de siesta y las recetas nuevas de caza, castañas y setas…  Y por encima de todo, la víspera del momento más mágico del año: la navidad, que como hace ya un año y medio que empecé este blog, reconozco como el momento más único que se pueda respirar. La navidad que, aunque no nos guste, aunque sea un negocio de la Iglesia y de los grandes almacenes… ¿Y qué? Vamos a quitarnos el corsé  oprimido de la vida de adulto que nos exige olvidarnos de lo bonito que es ser niños y ser, ante todo, ingenuos e inocentes. … Eso es para mi la navidad: inyectarme una sobredosis de ingenuidad, de inocencia y de creer, que  este año, finalmente, tras 34 ocasiones bastante fallidas (menos la mejor navidad de mi vida: 2008) lograré hacer realidad mis muy significantes y pesados sueños. No por su valor económico, sino por toda la carga emocional y de altruismo exigido que impera cuando pensamos en la navidad. Así que fiel, como alguien que se enamoró de una visión, sigo esperando que cada navidad sea el momento perfecto que llevo esperando desde hace 34 años. ¿Perfecto? Si, sonrisas, alegría, serenidad, abrazos, detalles tontos y buen vino. Y mucho frío, y Jaime, y mis chicos y más perros. Eso es todo. Algo de jazz de Artie Shaw y la calma que debe llegar, como oro en paño, después de la tormenta.

Navidades a parte, ya tendré ocasión de recaer sobre este tema… Debo intentar recordar todas las cosas bonitas que me han pasado desde la última vez que escribí. Las historias tristes ya nos las conocemos y habitan dentro del corazón, agarradas como la hiedra que se cuela entre los muros de piedra de una casa. Pero las cosas bonitas, esas que te hacen sonreír y que le dan sentido a tu vida, no deben olvidarse ni deden dejar de ser recordadas cada día porque seguimos siendo unos privilegiados  y si algo he aprendido en estos 34 años (aunque no sigo esta cura perfecta para cualquier dolor) es que nunca debemos perder el equilibro necesario para seguir soñando: como Peter Pan y su país de nunca jamás, como los niños perdidos que con un pensamiento feliz son capaces de volar, como la maleta plagada de inocencia e ingenuidad que un niño conserva como lo más sagrado y que con el tiempo se va olvidando cuanto más vamos creciendo. Un pensamiento feliz al día. Pero no se puede rellenar algo que está ya hasta arriba de preocupaciones, de rencor, de malos recuerdos, de rabia, de frustración y de melancolía. Sólo se puede rellenar de pensamientos felices un lugar en el que haya espacio para ellos y debemos encontrarlo y protegerlo.

Desde agosto ha pasado de todo, nuestro negocio ha cambiado muchísimo, hemos crecido dentro de nuestra pequeña familia, lanzamos nuestra página web, Cash cumplió tres años,  lanzamos nuestro nuevo departamento de Wedding Planners, Ma Petite Juliet se fue del jardín (con tanta tristeza como supuso) y entró una nueva marca de niños, vinieron las Muzungu Sisters… Pero empecemos por el principio: tres maravillosas mujeres, cada una dedicada a algo distinto, me mandaron tres regalos increíbles en verano y no puedo estar más agradecida. Se que llego con casi tres meses de retraso, pero quería daros las gracias: para nosotros es un honor cada vez que alguien piensa en nuestro mundo desde su lugar más sensible y nos hace llegar una sorpresa que convierte nuestro día en un momento particular  e inolvidable.  Gracias!! Graciass!!

Ro de “La Real Fábrica”  www.tienda.realfabrica.com

Oliva de “Oliva Jabones de Cuidado”  www.oliviasoapblog.blogspot.com.es

y Juani de “Juanita Imagina”  www.juanitaimagina.blogspot.com.es

 

Hace ya dos semanas vino mi prima Claudia a visitarnos durante una semana. Es una mujer excepcional y llena de inteligencia que ha colmado mis días de amor absoluto. Tiene 21 años pero muchas veces parece contener toda la sabiduría de un anciano y guardar la inocencia y frescura de una niña de 8.  Para mi es como una hermana.

Fuimos a recogerla al aeropuerto por la noche, la terminal 4 estaba repleta de padres con niños, de perros, de abuelos, de amigos. Nunca la había visto tan llena y sobre todo, tan repleta de personas sonriendo, felices y expectantes. Por lo visto la gran mayoría de las personas venían a recoger a sus hijos pequeños después de un largo tiempo pasado en el extranjero (no pude reprimir mi curiosidad hincando el oído). Había pancartas y niños de todos los tamaños, padres ansiosos, abuelos orgullosos y mucha felicidad encontrada y deseada en una terminal de Aeropuerto. Eché mucho de menos no tener mi propia familia, no poder sentirme de esa manera esperando a mis hijos, pero se saltaron las lágrimas de mis ojos al ver a tantas personas tan felices, no obstante todo, no obstante fuera sencillamente una tarde de un domingo cualquiera y todo el mundo fuera siguiera igual de imperfecto que siempre.  Y me di cuenta con todo mi corazón de lo terriblemente afortunada que era. A parte de mi marido Jaime  (que cada vez me hace más feliz a pesar de todas las adversidades) y mis increíbles chicos, ha habido cambios en nuestra pequeñísima diminuta familia empresarial: ya somos más, más corazones que laten cada día de la semana, más sonrisas cuando llego por las mañanas, más ganas de luchar, más ánimos, más abrazos. Más trabajo también, más intensidad, más de todo. Más Federica & Co. Gracias Chicas, Carmen y Marta por hacer que este sueño siga siendo verdadero.

Hemos lanzado al fin, nuestra página web (www.federicastories.es) cuyo resultado es el trabajo de muchísimas personas que lo han hecho posible y que se han entregado en cuerpo y alma: gracias a todo el equipo de Wozere www.wozere.com Teníamos todos un pánico terrible a que el mundo digital e intangible (a veces demasiado real al consumir nuestra imaginación por completo) solo fuera capaz de reproducir en modo estático nuestro mundo que no deja de ser el resultado de mucho cariño y de muchos corazones latiendo, y eso, hasta que se demuestre lo contrario, es prácticamente imposible de plasmar sobre una pantalla en dimensión visual sin latido. Sin embargo, lo consiguieron con sus manos y esas conjeturas terribles que un ordenador es capaz de organizar. Porque yo no hice casi nada, sólo asentí. Y aquí seguimos, intentando mejorar y dándole vueltas a cada detalle, para siempre estar en movimiento. Ahora nos toca mejorar el apartado de cocina, que es mi gran pasión y el sentido que le da el cocinar y el imaginar un menú a mi vida, que le otorga legitimidad y aporta libertad a mi trabajo. Pero necesito un poco más de tiempo para ocuparme y hay muy pocas horas al día, pero queda mucho mucho tiempo por delante. Por último, no menos importante, un proyecto que teníamos en mente y que la verdad, nos daba mucho reparo lanzar debido al enorme respeto que le tenemos a todos los profesionales que se lo llevan currando desde hace años  y que gracias a la minuciosa, perfeccionista, dulce, exigente, estricta y muy paciente Verónica (gracias Vero!!!)  hemos comenzado a sentirlo como real y que tímidamente nos ha abierto las puertas de este loco loco y apasionado mundo de las bodas.

Woody Allen fue mi profesor de música clásica (aunque ya en la universidad estudie historia de la música) y de ahí que me encante la música clásica. Para la iglesia de nuestra boda, me volví una enferma compulsiva y rebusqué entre todos los cajones de mi intelecto hasta recuperar todas y cada una de las piezas que en algún momento de mi vida me habían abierto el corazón en dos (literalmente). Y esto, detalles como este, al igual que dejar una sombra invisible de nuestro mundo en las bodas o celebraciones de los que confían en nosotros, sencillamente me entusiasma, aunque sólo sepamos aportar millones de detalles sencillos y personales.

De Woody Allen he aprendido muchísimo de lo que soy, o por lo menos de lo vaguea en mi alma tan poco artista y sin embargo atada con largas cintas al tormento y a la inestabilidad de los que crean. ¿Qué aprendí? A escribir por ejemplo en la cama y a rendir lo máximo de mí misma en este mismo insólito lugar de trabajo. Me encanta su legendario amor por el jazz y por la buena literatura y filosofía ligera. Me gusta su manera de observar la vida. Por su afable y lento escrutinio de la cultura y la sobrevaloración del entendimiento humano. Me gusta como ridiculiza a los pedantes y resuelve el enigma de la vida con un giro de palabras. Y por supuesto es el único ser humano que me hace reír sin parar. Normalmente no capto rápidamente el entusiasmo de los demás por eso que se llaman chistes… Pero reírme a carcajadas es otra cosa. Y este, es otro pensamiento feliz.

Gracias a todos los que ayudasteis a celebrar un Halloween muy especial! Gracias a Eugenia de Eat-Me Cakes www.twitter.com/eugeniafraile , a Lucía de Maison Pom Pom www.maisonpompoms.com, a Sandra de Bambola Casa Creativa www.bambolacasacreativa.es y a todo nuestro equipo maravilloso de Federica & Co.

Gracias a Dana y a Tatiana por haber traído tres días únicos a nuestro tímido jardín! Esta es vuestra casa Muzungu Sisters! www.muzungusisters.com We Love you!!

Gracias a Sally de The Workshop www.theworkshopflores.com por todos los maravillosos ramos que nos ha estado enviando cada semana desde hace ya 7 meses!!

Gracias a todos por habernos dejado llegar por lo menos hasta aquí: Es, simplemente, mágico. Gracias a Carlos, Beatriz, Carlitos y Cecilia por haber apostado por Federica & Co con vuestra marca Charlotte & Ma www.charlotteandma.com! Gracias a María por montar la venta de su colección de invierno de Sisimú www.sisimu.es en su Cabaña del jardín! Gracias a las chicas de Brumalis por convertir nuestro mundo en un elogio al aire fresco, las flores y a vuestra sonrisa !! Gracias a todo el mega equipo de Better www.esmejor.es y los Pop-Ups que montáis! Gracias a todos los que transigís todos nuestros defectos y lo hacéis con una sonrisa.

Gracias a mi marido, socio y mejor amigo Jaime.  Con todo mi amor y gratitud. A mis chicos Cash y Dumas (y a todos los cachorritos que hemos ido regalando a familias maravillosas Leia, Elvis, Lola, Ava y a sus dueños, os voy a dedicar un post muy especial.

Por último y más importante (como decía cierto personaje femenino de la literatura “Lo más importante en el amor, no es ser el primero, sino el último”), quería agradecer con todo mi corazón a Eli su increíble ayuda, su cariño desmesurado, su generosidad, su ánimo, su lealtad y su maravillosa personalidad. Gracias Eli. Gracias por ser y estar, gracias por creer.

La Perla negra, es así como se llama en mis adentros este jardín tan particular y si, me siento como Jack Sparrow, no por ser capitán, sino por amar a su barco por encima de todo y abandonarlo y por supuesto, por ser un pirata de los de antaño: desaliñado, burlón, empedernido, cabezota, obsesivo, frío de emociones, travieso y dicharachero. Con un pie más en el agua que en la tierra.  Si se tratara de el barco del capitán Garfio, Jaime sería Peter Pan y Judith sería el Señor Smith-Smee.

Bueno, ahora a trabajar en los próximos cursos de cocina.. Este mes no he dado a basto y no he podido hacer más, lo siento, pero a partir de la semana que viene comenzaremos de nuevo con nuestro ritmo habitual.

Me quedan mis recomendaciones para esta semana:

–  Por supuesto ver la última entrega de la Saga Crepúsculo www.lasagacrepusculo.es .Llevaba todo el año esperando a que se estrenara. Lo siento, todos tenemos nuestro vicios.

– Descubrir algún músico o grupo en el festival de jazz de Madrid www.madridjazzfestival.es nosotros iremos a ver al mítico Gino Paoli en la sala clamores

–  Visitar la expo de fotografía’ “La Dolce Vita” en el centro de arte Canal Isabel II

–  Descubrir mi tienda favorita online www.neest.fr

– Regalar en Navidad un kit para hacer punto de los chicos de We are Knitters www.weareknitters.com (pronto en Federica & Co yupiiii)

– Descubrir este hotel de Madrid www.casademadrid.com

Y un último consejo: rescatar de donde sea un poco de tiempo para olvidar todo lo malo y disfrutar de la vida. Como me recordó ayer uno de los hombres más importantes de mi vida “Si no duele, no sabes si estas vivo”

Enjoy!