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Escucho, mientras todo mi cuerpo baila de alegría al vibrar con el grupo “Little Joy” y su “The Next Time Around” ( ¡Play it again, Sam!)… Y luego, escribo.

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Si tuviese que pensar en el lugar mas extravagante en el que se me había ocurrido escribir y llevar a mi paciente Mac Air hecho polvo ( y eso que apenas tiene un año y medio…) creo que en pocos lugares más maravillosos y al mismo tiempo, inadecuados podría haber pensado… Una playa enorme y sin iguales me esperaba, disfrazada y cubierta como siempre, enganchada a la necesidad enfermiza de comenzar a escribir de nuevo: si ya de por sí mis experiencias con la playa son por obligación y falta de rendimiento, una imagen repleta de decorados típicos de una serie de la MGM años ´60… La guinda de el como y el cuando, agarrado con las uñas a el porqué  comencé de nuevo a rendirme ante la escritura incansable, cayó en picado en un luminoso sábado de Julio repleto de seres humanos semidesnudos amontonados en una playa pareciendo pequeñas personitas que disfrutaban colocándose con sus mejores galas, unos a al lado de los otros (para no perder la costumbre de mirar, observar, socializar y analizar vidas externas a las de uno mismo).. Siendo los demás, el mayor entretenimiento gratuito aún siendo políticamente correcto…

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Julio. Exterior. Playa del norte de España. Una chica extraña bajo una sombrilla, mientras el sol brilla y las personas se relajan.

Voice in off: (¿Se puede recordar sin escuchar ninguna palabra, más las que danzan en tu cabeza?)

“Ha sido la lluvia, elemento sine qua non para la nostalgia, el desasosiego y en conclusión para mi flagrante manera de sentirme absolutamente en conexión con la vida, quien ha desatado mis manos, abriendo la funda rosa de mi pequeño ordenador castigado y saltándome a la ligera las reglas del buen funcionamiento y del sentido común informático que nos debía de haber llevado hacia una nueva portada para mi corazón y que nunca llegó (se supone que hemos rediseñado el blog, pero parece que no lo terminamos de conseguir= frustración, malhumor y decepción considerando lo terriblemente controladora y perfeccionista imperfecta que soy)… Me siento pues, en mi pequeña silla envuelta bajo una enorme sombrilla, un gran sombrero, ropa en forma de protección y unguentos carísimos que proponen pantalla total, cual guiri con camiseta apretada de neopreno azul turquesa chillon, pantalón de algodón apretado por el agua, sombrero de pescador cual el padre de Jane Fonde en el estanque Dorado y una gafas maxi… Y levanto la vista para ver como mi marido se deleita una vez más jugando con todos los hijos de amigos y conocidos, y yo observo curiosa, como la palas y los castillos de arenas, han sido condenados por millones de teléfonos inteligentes que retratan sin parar y confían en la redes sociales, la vida al instante de cada ser humano. Quien fotografía una roca, quien lo hace al mar, quien lo hace a uno mismo, quien no puede dejar el dichoso aparato ni a sol ni a sombra (yo la primera)… Se supone que consultamos nuestro demoniaco móvil al menos 150 veces al día… Somos adictos a un pequeño órgano de la tecnología que ha sustituido la imaginación, la magia y los sueños, por viajes lunáticos y experiencias desmesuradas dentro de un micro mundo del que es difícil escapar. Nuestra ansia de comunicar, de decir, de expresar y de correr a ver quien es el primero, el más creativo, el más seguido, el más original, el que antes descubre, el que primero publique (¿como el propio Sr. Hearst?)… Ha consumido el dulce sabor del anonimato y de lo deliciosamente tangible: las hojas de un libro de bolsillo, su textura, su olor; el silencio de la imaginación, la delicadeza de un cuento, de un momento de dos, del pasar desapercibido o de no ser localizable o el simple gesto de no coger o no responder a una llamada. Y yo, como buena humana defectuosa, soy la primera que he dejado que mi Iphone entrara en mi vida y la controlara por completo.  Confieso que el pequeño aparato negro digno de Comic forma parte ya de mis básicos, como dormir o respirar. Pero tengo un plan.

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De repente un trueno, vuelve a salir el sol, me escondo pequeña bajo mi enorme sombrilla cual Dracula con capa, camisa blanca con lazos, pantalones negros y colmillos brillantes ( y este dato, aunque el castigo por la supervivencia tras el cáncer, sea venir a la playa como una alien, me hace sentir terriblemente diferente al resto de los mortales, cuya piel puede tostarse y la mia debe de ser cristalina, blanca y transparente como la de un corrector de vidas humanas mitificado) Aún así, a mi siempre me ha gustado la lluvia y el mar, las nubes y el mar, la tormenta, el frio, el agua, las mantas, la chimenea y el olor a tierra mojada, a eso que llamamos lluvia y que es ozono justo antes que el cielo se cubra de gris y moje nuestro imperfecto mundo. El sol y el calor, aun siendo una niña, eran tan nefastos para mi humor y disfrute, como para cualquier famoso personaje romántico de la historia deshumana allá por la lejana Inglaterra de las hermanas Bronte. Así que no puedo encontrar mejor y mayor placer que poder disfrutar del mar y de una buena tormenta, mientras en mi corazón, rige y ruge al fin, la calma.  No ese tipo de calma que radica en la estabilidad, en la seguridad y en la falta de convulsiones continuas del alma, una clase de calma que a veces, envidio con toda mi misma. Sino una calma diferente, quizá la de la maduréz, que a mis 35 años ha llegado cargada de un dulce reencuentro con la vida real que durante mucho tiempo, había olvidado. Es complicado ser tu mismo o florecer cuando alrededor el camino esta plagado de pequeños y grandes monstruos hechiceros, pero si algo he aprendido es que en la vida tienes dos opciones: o encender la luz y darte cuenta que esos monstruos no son más que otras formas de vida atemorizadas y marcadas por la inconsistencia de la sociedad, que son las sombras necesarias para que las cosas hermosas que hay en este mundo brillen aún más fuerte y que existen, sí existen, no obstante todo y todos nuestros esfuerzos; que viven al son de nuestro respiro aún si sonreímos o nos abatimos… O bien, tiramos la toalla y ya está. Sufrimos, abandonamos y nos perdemos tras la verdadera sombra de la infelicidad bañada de rencor y rabia. Puedo decir en alto que los últimos 7 meses han sido más duros, más difíciles y mucho más desgarradores que todos los meses anteriores de mi vida. Me he sentido de nuevo sola, perdida, atormentada, he fracasado en muchos aspectos y he defraudado muchas tantas y otras veces ¿Y qué? Aquí estamos no? Escribiendo delante del mar, sobreviviendo todavía y por fin en paz. En paz rugiendo por salir adelante, pero con una alegría sin falsedades y con templanza, con comprensión y sencillez, con el corazón vendado de amor y la certeza que si todo sale mal, al menos siento, vibro y me tatúo (de verdad, no como cuando era adolescente y no sabía nada de lo que era ser una rebelde) cada día de mi vida, cada sonrisa y cada hueso de mi cuerpo que se rompe y recompone cada vez. Como arte de magia. Este post va sobre los pequeños amores de nuestra vida, sobre los Little Joy´s, sobre la magia, y por supuesto, también sobre la pasión y los sueños, como siempre”

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Agosto. Lunes. Una ciudad casi desértica, el asfalto rugiendo por los casi 39 grados. Interior de una tienda. Chica escribe desde el fondo de lo que parece una tienda, aunque tambien tiene una cocina.

“Hoy, atrapada por el calor de un lunes de agosto en Madrid, trabajando… (Y sí que a veces se hace cuesta arriba, aunque sea estando en nuestro jardín de Hermosilla…) Comienzo recordando como hace siete meses, justo antes de cumplir mi 35 cumpleaños fui a ver a mi querido, sufrido psicólogo y terapeuta Juan Carlos y muy decidida me senté ante sus ojos impávidos por mi vuelta al ruedo y entrega a la causa de la mejoría mental: sentado con su sonrisa habitual, me preguntó si debíamos empezar por algo en concreto, si había algo que tenía tanto peso en mi vida que mereciera comenzar la carrera al desahogo y consecuente rasca y gana de mis temores y traumas: le miré fijamente y sin titubear le dije: Juan Carlos, he decidido que quiero cambiar de vida. Bueno… Esas son palabras no sólo mayores, sino que además provenían de alguien que con sus disparatadas ideas, momentos de éxtasis irreales, sufridas adicciones emocionales y naturales altibajos del alma, en fin… No había sido un camino de rosas como paciente y menos como ser humano soñador e irrespetuosísimo con la realidad y vida  de los otros mortales. Así que pronunciara esas palabras parecía más bien una llamada de desesperación más que una resolución  y una toma de posesión de mi vida, una reivindicación del corazón, una guerra fría a lo que se supone que iba a ser y es, el trazo natural de los días desde el ocaso al amanecer.

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Iba muy en serio, lo que no sabía era por donde iba a empezar. Eso sí, lo primero, era poner una fecha límite: lo mejor de un plan, por todo lo caótico (en mi caso no podía ser de otra manera) que sea, es tener una fecha y la fecha límite será mi próximo cumpleaños el 23 de Febrero del 2014… Todavía hay tiempo, aunque ya he agotado la mitad de mis cartuchos y he avanzado muy poco. Aunque en serio, tengo un plan y voy poco a poco, pero firme.  Mi plan, que es un poco descabellado, se rige sólo por un principio y no tiene un fin determinado, ya que si estás acostumbrado como yo, a ser un errante en busca de aventuras, lo imprevisible deja poco lugar a las certezas. Pero si algo de cierto había en mis palabras del pasado febrero, es que la vida, tan sencillamente hermosa, se merece su tiempo, su espacio y el corazón y el alma se merecen también, encontrar su lugar el mundo y desde luego, en mi mundo perfecto no hay nada ligado al frenesí y la locura que me han acompañado desde hace ya mucho años. ¿Cambiar? Sí, cambiar. Y de verdad. Nunca he sido una persona ambiciosa, no en el sentido económico ni el estatuario que dicta la sociedad que me rodea, así que mi kit personal home-made de cómo cambiar tu vida, lleva el ingrediente fundamental- de ser felíz con lo que ya tengo- salido diréctamente de fábrica sin pasar por retoques ni manipulaciones. Quizá lo he sido en otros tiempos (eso de ser materalista y ambiciosa), por rabia o por ignorancia, pero no de esa forma que se conoce y reconoce en casi todas partes.  Otro ingrediente fundamental es que se lo que no quiero, y empiezo a vislumbrar lo que quiero. No quiero seguir levantándome angustiada, ni sin apenas haber pegado ojo por situaciones sofocantes, no quiero correr detrás de un sueño que nunca ha sido el mío, ni tampoco necesito formar parte del círculo vicioso del asfalto, del consumo, y del coolismo intencionado que tanto aborrezco. No necesito tener más de lo que tengo, ni ser nada más de lo que ya soy, ni demostrar nada más de lo que mi corazón es capaz de susurrar, ni de buscar nada más de lo que ya he encontrado.

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¿Entonces? Han pasado 7 meses y tengo un plan. Se a donde quiero llegar y se que quiero detener el tiempo en el momento en el que descubrí que era completamente felíz, no obstante todo y sin que nada hubiese cambiado… Incluso cuando todo hubiese empeorado hace apenas unas semanas… La felicidad es el único reto que debemos ponernos lo seres humanos y es nuestra obligación no sólo perseguirla sino conquistarla, para así, poder hacer felices a los demás, a los que conocemos y a los que no.  Y retumba en mi mente como una canción maravillosa que no deja de sonar silenciosa, la palabra mágica: Little Joy.

Baby Shettland en Santillana del Mar

Me siento un poco acartonada la verdad, no es fácil escribir y expresar todo de nuevo, después de haber roto el ritmo y la promesa de escribir asiduamente… No es lo mismo pensar en alto lo que quieres transmitir y luego, que las palabras salgan ordenadamente inteligibles. Quiero contar muchísimas cosas, pero creo que voy a tomarme las pequeñas  historias que llegan susurrando a mis oidos con la ilusión y la voracidad de alguien que tiene un plan. Sí, creo que para las cuestiones básicas y más importantes tengo un plan, y debo de confesar que todo está íntimamente ligado… Todo el pack con la alegre predisposición de quien organiza los recuerdos de forma estructurada y siguiendo el ritmo del latido de la pulsaciones, o será del órgano del corazón o será el de la emoción? Aunque como buena pisciana, me despisto de nuevo, y enfoco mis aturdidos ojos hacia la colección interminable de fotografías guardadas de los últimos 7 meses en mi aplicación favorita llamada Instagram, y no puedo evitar sentir que me dejo muchas cosas por el camino, que hay muchos minutos que contar y muchos momentos que el calor de agosto obliga a encerrar en un cajón, que por arte de magia, no deja de hacer ruido danzando al ritmo de un viejo ritmo africano salvaje y real. Este será el sentido de la memoria acompañada de imágenes que retratan todo lo que enciende la imaginación de nuestros recuerdos: nunca dejar de recordar que aunque el tiempo pase y el conjunto parezca sólo destacar por momentos y debido a fechas relevantes, las pequeñas fotografías del alma a nuestro dia a dia, son anclas que nos llevan al pasado y al futuro sin tener ni el tiempo de rebelarse o adormecerse en la encantadora mecedora de un recuerdo dulce y sosegado… ¡Qué estrés! podré acordarme de todo y contar todo de nuevo, por escrito, con los mismos detalles y hablando con las mimas emociones? o me dejaré la mitad por el camino? Por un momento me he bloqueado…

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Recupero mi natural sin-sentido-de-entender la vida, y me lanzo a la piscina (total tampoco nunca me ha importado mucho si estaba llena o vacía… Lo importante es saltar, sin miedo…) Así pues, en estos 7 meses he cumplido años y mi hermano me regaló mi querido Herbie (mi primer coche), hemos navegado contra viento y marea y borrasca, nos han atacado piratas de dudable reputación (los de verdad nunca lo hacen por detrás…), nos hemos subido a un avión con apenas unos euros y hemos ido a hacer las américas, refugiándome, durante el largo rumbo al sur, en esa imagen bucólica de mis antepasados italianos metidos como galletas de mantequilla en las sentinas de algún navío jugándose a todo o nada su tierra prometida y su futuro. Ahí, de la mano de Eli descubriendo Ecuador, y luego, cayendo enamorada de Lima y de Paola (por supuesto esto se merece un post único)… Nos hemos cargado de tesoros únicos de páises mágicos y hemos creado Jungle Glow, hemos celebrado el mes de los perros, hemos celebrado también nuestro 2 aniversario en Hermosilla 26, hemos empezado a trabajar en nuestro primer libro de cocina… Hemos ideado nuestra primera y sencilla revista online, sin grandes pretensiones ni árbitros de jugadas escénicas (federicasmag.com), nos hemos roto la cabeza para imaginar nuestra primera tienda online… Hemos aprendido muchas cosas, hemos dejado de dormir muchas noches, hemos parado de repente la marcha y nos hemos cargado de melancólica rabia descubriendo, una y otra vez, que el muy ya conocido por las tenderas de antaño y con raíces, “Copy-Paste” sigue siendo uno de los deportes nacionales con más éxito de este país… Y su correspondiente falta de imaginación. Nos hemos aventurado como Wedding Planners con mi querida Vero como socia e ilusionadas como un niño con zapatos nuevos, estamos trabajando en la boda en Murcia de Asun y Juan que ya forman parte de nuestra peculiar familia… Hemos disfrutado de muchos cursos de cocina, de todas esas personas que inventan, crean y se lanzan a la jungla del agárrate como puedas si quieres montar algo y sus éxitos, hemos leído muchos libros (uno de mis Little Joy favoritos), nos hemos agarrado a la vida y le hemos dado la espalda al cáncer, hemos tenido muchos baby pointers, hemos aumentado nuestra familia en Federica & Co, nos hemos reinventado… Hemos dado cabezazos contra la pared y hemos vuelto a apostarlo todo por la misma carta… Y no quiero dejar de contar ni una de todas las horas que han rozado mi cuerpo y que en lo bueno o en lo malo, aquí estoy de nuevo manos a la obra para seguir contando mis pequeñas y a veces interminables historias…

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Y ésta, la fórmula de reencontrarme con mi desafortunado mac,  es también la manera que mi conciencia y la mente cósmica se unan en un único vals, recordándome que la vida está hecha de grandes citas ineludibles y de cimas que parecen inalcanzables pero que ante todo, mi Little Joy adquirida no deje de latir.

Por supuesto no podían faltar mis recomendaciones… Tener paciencia si he perdido el ritmo, lo voy a recuperar con toda la intesidad que mi cabeza sea capaz de escanear:

–  Hace tiempo compré un libro que me llamó mucho la atención por su título: “La historia secreta del Mundo de Jonathan Black” No lo empecé a leer hasta el día después de mi cumpleaños… Y acabo de terminarlo. Es denso, a veces absurdo y en otras ocasiones, sí ha dado un vuelco existencialista a mi manera de entender la vida, o de por lo menos saber más sobre aquellas incongruencias que llaman al timbre de mi curiosidad. (De aquí a que hora me haya vuelto una obsesa de la historia medioeval y de las Abadias del sur de Francia…)

– El Blog de Marina, una chica sencillamente encantadora. Como ya sabeis no soy una gran seguidora de blogs ya que el tiempo que eso conlleva no está ligado a mi actividad diaria, pero este merece la pena www.junelemon.com y ella es sublime.

– El Aceite de Monoi, el mayor y mejor hidratante corporal y para el pelo. Se encuentra en la web y aunque muchos lo usan para la playa, es perfecto para un baño templado de verano, rodeado de velas y un buen libro. Aseguraros que sea Hei-Poa. www.tahitinaturel.fr

– Descubrir dos restaurantes en Cantabria en los que nunca había estado:

. La tienda de Pedro García en Solares y La bicicleta en Hoznayo. www.restaurantelabicicleta.com; www.villafresnedo.es/tienduca.html

–   La película “Murder by Death” (un Cadáver a los postres) con mi queridísimo David Niven y Truman Capote

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– El magnífico aceite de Oliva de “Castillo de Canena”. Una delicia sin iguales: www.castillodecanena.com

– Las Vajillas pintadas a mano de Helene Morbu www.morbu.fr

– Por supuesto descubrir el grupo “Little joy” con un magnifico Fab Moretti de los Strokes y la voz de la increíble de Binki Shapiro! y para amantes de la música francesa escuchar a la actríz y cantante Melanie Laurent.